Testimonio de vida: "Una oración para la Princesa Valiente a 4 años de su partida"


El día en que a mi madre le diagnosticaron cáncer la vida se nos hizo añicos. Dos días antes de ser hospitalizada me envió hacer su última caridad. Junto a mi hijo, nos encargó llevar víveres a una amiga viuda a quien ayudaba por su estrechez económica Ella quería que siguiéramos sus órdenes a la velocidad de un rayo. Así era mi madre, buena, abnegada pero diligente, maestra que dedicó gran parte de su vida a la enseñanza primaria en escuelas del área rural. Fue una mujer luchadora, solidaria y leal. Provenía de una familia de campo dedicada a la agricultura y la ganadería, pero atraída por la capital, vivió algunos años en Lima donde conoció a papá, un cuzqueño de gran corazón, cuyos caminos se cruzaron por aquellos juegos del destino. Estaban destinados el uno para el otro. Así llegaron juntos a la vejez, primero partió él y 3 años más tarde ella. El diagnóstico nos devastó tenía cáncer a las vías biliares, ahora tenía sentido aquel fuego que le quemaba por dentro. En plena pandemia, le dijeron que era probable que tuviera gastritis. Con ese pronóstico vivió los últimos años. Gracias a los frutos de su trabajo honrado, no tuvo apremios ni necesidades económicas. Mi madre fue una mujer creyente con arraigadas costumbres católicas, de domingos de misa, tardes de Santo Rosario y lunes de velación a los difuntos. Así se crío, y así la recuerdo con su velo blanco en la cabeza, arrodillada frente al altar. Casi nunca faltaba a misa, hasta el día en que perdió el conocimiento por algunos minutos en plena homilía, estaba sentada en la banca, acompañada de mi hija menor, solo inclinó la cabeza hasta que unos buenos samaritanos la ayudaron. Fue el primer signo del cáncer que empezaba a expandirse por todo su cuerpo. La pandemia del Covid 19 la recluyo en casa. No salía para nada. Solo lo hizo para recibir las vacunas. Esa mañana me pidió que la llevara a emergencia, no resistía más. Entendí que la situación era grave, aún nos encontrábamos en pandemia y visitar un hospital era lo último que hubiera querido. En emergencia una de las doctoras me dio el diagnóstico preliminar "es muy probable que tenga cáncer". El sistema de salud en el Perú es precario, durante varios días mi madre permaneció en una camilla en los pasadizos hasta que la hospitalizaron provisionalmente en un ambiente de geriatría bastante tranquilo a diferencia de emergencia donde hay un movimiento incesante y mucho caos. Lejos del bullicio hospitalario, mamá esperaba los exámenes. Luego fue llevada a piso, donde compartió habitación con tres pacientes más. Ahí empezó nuestra rutina, nos organizamos, en la mañana era el turno de mi hermana, en la tarde me tocaba a mí y en la noche y madrugada a los nietos. Todos dieron la talla, ahí estuvieron junto a su lecho acompañándola en sus últimos días. El diagnóstico final llegó con la biopsia, no había nada que hacer, por su avanzada edad solo calidad de vida. Amor y paciencia nos sobraba, después de más de un mes en el hospital pidió ser llevada a casa. "Acá he venido a empeorar", se quejó antes de perder el habla. En casa, su habitación se convirtió en un pequeño hospital, con cama clínica, balón de oxígeno, suministrador de morfina y enfermera particular. Mamá nos acompañó algo más de una semana. Cada día se fue apagando hasta aquella mañana del 23 de noviembre en que expiró. Mi hermana, sus hijos y mis hijos, la rodeamos, y con oraciones la acompañamos a partir. Salí por unos minutos consternada por su deceso y cuando regresé a la habitación del dolor, como le había denominado a ese espacio de la casa, su rostro habría recobrado su naturalidad, estaba hermosa con un atuendo blanco. Había dejado de sufrir, fue a unirse con su esposo y su hijo mayor que murió mucho antes. Ahora extraño su presencia, pero sé que está en un lugar mejor. Agradezco a Dios por haber tenido una madre como ella, nos dejó una gran lección de fortaleza, perseverancia, superación y valentía. Elevo una oración al cielo a 4 años de la partida de mi Princesa Valiente. Testimonio de vida: "Una oración para la Princesa Valiente a 4 años de su partida"

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