miércoles, 9 de agosto de 2017

ME QUEDO CON LO MEJOR DE TÍ

Hermano Lucho:

Han transcurrido varios días desde tu partida y la tristeza se va transformando en nostalgia, tu recuerdo en oración y tu nombre en constante añoranza.

La diferencia de edades (15 años) nos impidió compartir vivencias cotidianas como juegos, disputas y riñas propias de hermanos. Cuando nací estabas próximo a culminar tus estudios secundarios en el glorioso San José de Chiclayo.

Siempre admiré tu valentía y decisión por dejar muy joven la casa familiar, en San Ignacio, para construir tu propio proyecto de vida. Hoy comprendo que trazaste el camino para que siguiéramos tu ejemplo.

Cuando ingresaste en primer lugar a la facultad de Economía en la Universidad Nacional de Trujillo supimos el sendero que seguiríamos. Nunca estuvimos a tu altura, llegamos a la "U" sin tus laureles y pergaminos. Solías contar, a manera de anécdota, que revisaste la relación de ingresantes de abajo hacia arriba, conforme subías tu angustia aumentaba pero llegaste a la gloria al leer tu nombre en la primera línea: Luis Alberto Soto Solano. Cuanto orgullo y admiración despertaste en el seno familiar.

Tus retornos generaban alegría en casa y los amigos desfilaban ansiosos de conocer tus vivencias de joven universitario. Eras el hermano estricto que me obligaba a tomar sopa de verduras licuada pero también el hermano cariñoso que me abrazaba y mimaba. Tenías un singular sentido del humor. Eras amiguero, fulbolero y cervecero. Solías llegar a veces en compañía de algún amigo de la universidad poniendo en práctica tus dotes de anfitrión. La madrina Candelaria te queria y apreciaba por ser el varón primogénito de sus amados Magna y Lucho.


La vida nos fue separando en distintas direcciones. Luego de culminada la universidad tomaste la decisión más importante de tu vida formar tu propia familia. Del fruto de tu amor con Lucy nacieron Guiliana, Fiorela y Luis Ricardo, razones de tu existencia y por quienes luchaste hasta el último minuto. Durante muchos años vivimos en indistintas ciudades, tus obligaciones familiares y laborales, te mantuvieron alejado, como suele suceder entre hermanos cuyo destino los lleva por diferentes rumbos. Ya en la adultez, aquellas "prolongadas vacaciones" te permitieron visitar la casa de nuestros padres con bastante frecuencia.

La resabida frase "las cosas suceden por algo" ahora cobra sentido. Cómo olvidar aquellas largas y amenas charlas con papá. Disfrutabas de sus anécdotas, relatos, historias y experiencias, rutina que te hizo concebir la idea que debería escribir sus memorias. Irrumpías en la cocina de mamá para preparar un riquísimo arroz chaufa. En los días de fiesta, te lucías con el popular "rompope". Las mejores fotos de la familia eran las tuyas, junto a papá y mamá, recorriendo las calles de la Ciudad de Los Reyes, lugar que te vio nacer.

Como diría tu poeta predilecto César Vallejo en su poesía "in memoriam" a Mi hermano Miguel, "ya cae sombra en el alma", quisiera creer que en cualquier momento tocarás el timbre de la casa y nos reuniremos nuevamente, pero la realidad nos golpea dolorosamente el alma. El padre Elmer nos ha pedido que nos quedemos con lo mejor de tí. Me quedo con tu sonrisa y tu postura firme frente a la vida.

Lucho, hermano, eso noooo silencioso que salió de nuestros corazones hasta el cielo el día de tu partida aquella tarde de julio, se transformó en oración por siempre y hacia la eternidad. Este adiós es sólo un hasta pronto momentáneo, nos volveremos a reencontrar en aquel reino prometido, hasta entonces, descansa en paz, amado hermano.

lunes, 24 de abril de 2017

IMPLANTANDO LA CULTURA DEL MIEDO EN EL PENAL DE CHICLAYO



Pedir una mayor comunicación con los internos, le costó a Carlos Santa Cruz Alarcón ser recluido en la Celda de Meditación del Penal de Chiclayo durante 10 días, con un “informe de inteligencia” lapidario que advertía que el ex gerente de Relaciones Públicas e Imagen Institucional de la Municipalidad de Chiclayo, era una persona de difícil readaptación.

Junto a su compañero Martín Villanueva Velezmoro, también ex funcionario edil, que se atrevió a pedir que las autoridades bajen con mayor frecuencia a conocer los problemas de la población penal,  y otro recluso a quien, ni siquiera conocían, fueron acusados y sancionados por el Consejo Técnico del Penal de Chiclayo de gestar una revuelta al interior de este establecimiento penitenciario.

El informe que sustentó su sanción estuvo plagado de “infamias”, “mentiras” y “difamaciones”. Se les catalogó de “cabecillas” de la protesta del 24 de marzo del 2017, en el patio del pabellón C, donde según técnicos del INPE, los ex funcionarios ediles azuzaban e incitaban a la población penal a rechazar la paila colocándole delante de las ollas. Aquella tarde, a los internos les sirvieron “pota” cuando les correspondía pescado frito.

Solo los técnicos del INPE alucinaron tal escena de violencia, en los escritos redactados y presentados ante el Consejo Técnico, el mismo que tras oír sus propias voces y desvirtuar a rajatabla los descargos (testigos y memoriales), tomaron la arbitraria decisión de sancionarlos por actos de indisciplina inexistentes desmentidos por más de 280 reclusos quienes firmaron un memorial aclarando que aquella tarde sólo hubo diálogo con las autoridades penitenciarias.

Inclusive sus compañeros de las cuadras C1 y C3 garantizaron a través de otros memoriales que Carlos y Martín durante los 30 meses que llevan recluidos presentan buena conducta.

Lo cierto es que aquel día, Carlos y Martín se encontraban en el interior cuando escucharon los reclamos de los internos bajaron al patio al percatarse de la presencia del director, sub director y jefe de seguridad. Luego salieron en defensa de los internos expresando lo señalado líneas arriba. Fueron testigos más de 200 reclusos.

El resto sólo sucedió en la "imaginación" de los acusadores quienes para  justificar la desproporción de la sanción sugerida de 30 días en el "hueco" y traslado a otro penal, agregaron al rosario de mentiras, que los "cabecillas" (Martín y Carlos) pedían libre tránsito entre pabellones, ingresos de paquetes a cualquier hora y visitas especiales.

La sordidez de los técnicos del INPE sobrepasaron todos los límites al inventar que días después del reclamo del 24 de marzo, vieron a Carlos y Martín tramando la revuelta por los pasillos. Pero la burda mentira no encaja considerando que los días señalados fueron días de visitas cuando los reclusos están más interesados en atender a sus familiares que preocupados por los problemas internos.

Además consignaron que se cocinaba la revuelta con cartas que llevaban los familiares a otros pabellones a través de su visita y que estaban mal asesorados por abogados al margen de la ley. Ni una prueba presentaron de tremenda acusación. Los familiares y abogados han anunciado que tomarán las acciones legales que correspondan para hacer valer sus derechos ante tanta infamia.

Inclusive, los “dichosos” informes de inteligencia advirtieron que siendo integrantes de la red criminal “Los Limpios de la Corrupción” cuentan con ingentes cantidades de dinero que estarían utilizando para comprar internos que declaren a su favor, aseveración que ni la misma Fiscalía ha podido corroborar hasta el momento porque no cuenta con los peritajes económicos- financieros correspondientes, sin embargo el INPE ya concluyó antes de la acusación y la sentencia.

El INPE, institución que se encarga de la readaptación de los internos para asegurar su incorporación a la sociedad, temerariamente ha determinado - sin ningún informe psicológico-  que Carlos Santa Cruz y Martín Villanueva, quienes aún están en calidad de investigados, son personas de difícil readaptación y por tanto ponen en peligro la seguridad del Penal de Chiclayo.

Señora Ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, siendo Carlos Licenciado en Periodismo y Martín Abogado de profesión, se levantan tremendas falsedades, imagine usted cómo puede ser avasallado un recluso que no tiene instrucción ni abogados ni familia que lo defienda.

Señor Pedro Pablo Kuczynski, Presidente del Perú, es inaudito que se utilicen prácticas tan arcaicas como “el hueco” para someter a castigo a los reclusos que cometen actos de indisciplina, más aún cuando son falsas e injustas. Acaso se busca inculcar la “Cultura del miedo” en el penal de Chiclayo con el consecuente mensaje “mira cómo hemos castigado a los ex funcionarios de la MPCH, a cualquiera que se atreva a reclamar le puede ir peor”.

Quién fiscaliza a los funcionarios del INPE que abusivamente se irrogan la autoridad de hacer con otro ser humano lo que se les antoje “empapelándolos” según su capricho y conveniencia.  Quién frena tanto abuso y arbitrariedad en el penal de Chiclayo.

Señora Ministra de Justicia tiene usted la última palabra. Destierre la cultura del miedo en los penales y sancione a los que haciendo uso y abuso de su poder actúan con total impunidad. Por lo pronto la defensa de Carlos y Martín han apelado la sanción y no pararán hasta que la injusta pena de 10 días para el primero y siete para el segundo, sea anulada porque es arbitraria, ilegal y abusiva. No callaremos por aquellas otras voces que no pueden ser escuchadas.

viernes, 24 de marzo de 2017

LAS NUBES DE MI CHICLAYO



Desde el inicio de la temporada de lluvias, el cielo chiclayano se halla inundado de nubes de diversas formas y volúmenes. Aunque antes no era habitual mirar al cielo porque casi siempre nos topábamos con un sol radiante, hoy es casi una necesidad distraer nuestra mirada en el firmamento para predecir una nueva tormenta.

El cambio climático ha hecho que nuestro cielo migre a un cielo serrano, cargado de gotas de agua en suspensión que amenazan con precipitarse en cualquier momento. Las divisamos desde tempranas horas y las despedimos al atardecer. Hay blancas como la nieve, otras de oscuro presagio que nos llenan de temor.

Los chiclayanos fungimos de meteorólogos cuando las auscultamos advirtiendo que si una gran nubosidad cubre el este, sur o norte, está lloviendo en tal o cual ciudad, nos alegramos si están dispersas, nos preocupamos si se concentran, y aún más, si oscurecen el día.

Mi hija juega con ellas tratando de descubrir figuras que se forman según su imaginación, divisa desde rostros hasta animales, disfruta con sus formas y colores, algunas blancas como el algodón o la nieve.

La tarde del 14 de marzo, la aparición de una nube apocalíptica acompañada de fuertes vientos, alarmó a los chiclayanos. La masa se desplazaba velozmente. Se advertía una tormenta. El agua se precipitó con furia, acompañada de truenos y relámpagos, para alivio la lluvia duró poco.

Al día siguiente los expertos del SENAMHI dijeron que se trataba de una nube de tipo Cúmulo-Nimbus Arcus, que se forma por movimientos fuertes de aires ascendentes, así como la humedad y una fuente de calor en la superficie.

Lo cierto es que las nubes siguen siendo el atractivo de la ciudad nos hemos acostumbrado a su presencia, son parte del paisaje y seguro nos seguirán acompañando en este período lluvioso que seguirá a lo largo de la costa.




jueves, 23 de marzo de 2017

UNA ORACIÓN POR PIURA



Piura, ciudad del eterno calor, de los vigorosos algarrobos, de los diestros alfareros, de los deliciosos chifles y natillas, pasa por su peor momento al soportar lluvias intensas a causa del fenómeno de “El Niño” Costero.

Después de 8 horas de una aterradora tormenta eléctrica las calles quedaron inundadas y los ríos en sus niveles máximos de aforo, situación que agrava la emergencia que se vive en toda la región.

Piura, al igual que Trujillo - que ha sufrido por séptima vez la presencia de un huaico en la ciudad por el desborde de la quebrada San Idelfonso - y Chiclayo, cuyos pueblos están aislados, permanecen en constante riesgo por la presencia de un fenómeno que nadie predijo y que nos agarró desprevenidos.

Piura inmortalizada en la canción del desaparecido Miguel Ciccia Vásquez “El Rosal Viviente”, que añoraba aquellos años de su juventud, el puente Viejo y la picantería; ha sido puesta en jaque por la naturaleza que aunque cueste admitirlo nos está devolviendo el daño que le hemos ocasionado durante años de inconsciencia e irrespeto.

Nuestra solidaridad con los hermanos piuranos que han perdido sus viviendas, que viven con el agua dentro de sus casas, que no pueden transitar por las calles inundadas, que han paralizado sus actividades habituales y cuya vida se les ha detenido.

Nuestra solidaridad con los hermanos piuranos del área rural, cuyas rústicas viviendas de quincha y adobe no han soportado la humedad, con los que han perdido su ganado y con los que lloran la partida absurda de algún familiar víctima de las descargas eléctricas.

Nuestra solidaridad con aquellos hermanos piuranos que han contraído alguna enfermedad, y como si no bastara la desgracia en la que han sucumbido, han visto resquebrajada su salud por enfermedades como el zika, dengue o chikungunya.

Solo nos queda elevar una oración por nuestros hermanos piuranos que sufren las inclemencias del “Niño” que nos visita periódicamente, pero cuya lección nunca terminamos de aprender, cayendo en el mismo error, una y otra vez. Padre nuestro….

lunes, 20 de marzo de 2017

HOY NO ME QUEJARÉ



Hoy no me quejaré del calor infernal, de las pistas anegadas, de la basura dispersa en las esquinas, del colapso de los desagües y los olores fétidos que contaminan el ambiente, de las veredas rotas y de la insensatez e indolencia municipal.

Hoy no me quejaré del caos en el transporte público, de los baches que nos dejan sin riñones, del abuso de los conductores que suben las tarifas a su antojo, de las calles bloqueadas por las mangueras de las motobombas que evacuan las aguas empozadas y de la intolerancia de la gente.

Hoy no me quejaré de la restricción del agua potable, de la suspensión temporal del ascensor, de la caminata agobiante por las escaleras que me conduce al octavo piso y de la indiferencia de los vecinos que golpean las mamparas sin respeto a las áreas comunes.

Hoy no me quejaré de la presencia de las mariposas plomizas que invaden las paredes de la puerta principal del condominio, del agua que filtra por las ranuras de mi ventana, de las paredes humedecidas y el piso laminado levantado por el agua.

Y no lo haré por las miles de familias que han quedado literalmente en la calle a causa de las inundaciones, huaicos y fuertes lluvias que azotan al país, por los moradores que llevan días sin agua potable y por el sufrimiento de los deudos cuyos familiares parecieron entre las aguas desbordadas.

No lo haré por los damnificados de Illimo, Pacora, Jayanca, Oyotún, Zaña, Inkawasi, Lambayeque, Chiclayo y Ferreñafe que han visto impotentes como sus viviendas se derrumbaron en segundos cual castillo de naipes, y hoy viven encargados en la casa de algún familiar o han ocupado los albergues temporales instalados por los municipios.

No lo haré en nombre de la valiente y tenaz Evangelina que sorprendió al mundo al emerger entre palos y lodo retando a la misma muerte y demostrando ante cámaras que los milagros si existen, luego de ser arrastrada por un huaico cuando realizaba sus actividades domésticas, convirtiéndose en el símbolo de la resistencia peruana.

No lo haré por los vecinos trujillanos que por sexta vez han soportado la ferocidad de los deslizamientos de agua, lodo y palos en pleno centro de la ciudad, por las inundaciones de las casonas coloniales de majestuosas ventanas y su histórica Plaza de Armas.

Parafraseando la obra literaria de Julio Ramón Ribeyro al Pie del Acantilado “el mar da, el mar quita”, podríamos decir “la naturaleza da y la naturaleza quita”, durante semanas hemos visto como la naturaleza nos golpea furiosamente, y ayer por fin, nos mostró su rostro amable: un gigantesco arcoiris; y, horas más tarde, un cielo estrellado, devolviéndonos la esperanza de una nueva alianza de paz y armonía.

Ojalá que al fin tomemos conciencia de la necesidad de cuidar y proteger el planeta que nos cobija.

Hoy no me quejaré por nada, pero mañana cuando cesen las lluvias, los ciudadanos tenemos la obligación de darle un nuevo giro a nuestras vidas de cara a la planificación, prevención y conciencia ambiental.

martes, 21 de febrero de 2017

¿CUANDO SE JODIÓ CHICLAYO?


Con las recientes lluvias, una vez más quedó en evidencia la vulnerabilidad de la ciudad de Chiclayo, cuyas vías quedaron inundadas por el agua y el colapso de los desagües que afloraron al estilo Venecia.

Los chiclayanos permanecimos literalmente con el agua hasta el cuello durante varios días, y pese haber transcurrido algunas semanas, los estragos aún se sienten: los desagües siguen aflorando a la intemperie y las calles permanecen sucias.

Lo más grave de la situación, es que los chiclayanos nos estamos acostumbrando a circular entre veredas rotas, calles anegadas, tachos de basura rebalsando, bolsas de desperdicios acumuladas en las esquinas y huecos en las pistas.

Chiclayo se ha convertido en un gran pueblo joven – con las disculpas que merecen los habitantes de estos sectores emergentes- donde a nadie parece importarle si avanzamos o retrocedemos, si nos hundimos o salimos, si caminamos hacia la gloria o nos vamos al mismísimo infierno.

Luis Heysen acuñó la palabra “chiclayolatría” al resumir el sentimiento de Juan José Lora quien en su poesía rítmica profesaba un exagerado amor hacia Chiclayo de antaño; y, a lo largo de los años, han sido muchas las razones por las cuales nos hemos sentido orgullosos de vivir en la Ciudad de la Amistad, el gran piloto del norte de Alfredo José Delgado Bravo.

Sin embargo, no ha quedado ni rastros de la chiclayolatría que debería emerger en el corazón de sus habitantes, flotando en el aire la gran interrogante: ¿cuándo se jodió Chiclayo?.

Tal vez se jodió cuando olvidamos la grandeza de nuestros antepasado los mochicas y sicanes, las proezas de nuestros héroes, y la grandiosidad de nuestros bosques, valles y mares.

Quizás se jodió cuando nos dejamos arrastrar por el conformismo, la mediocridad y la apatía, cuando empezamos a mirar la pelusa en el ojo ajeno sin percatarnos de la viga que tenemos en el nuestro.

Hemos hecho tabla rasa con la planificación y la prevención, hemos tratado de sacarle la vuelta a la misma naturaleza, sin embargo, ésta nos ha pasado la factura con creces.

Esta vez, ¿habremos aprendido la lección?. Lo más seguro es que volvamos a repetir la misma historia, en el mismo escenario y con los mismos actores.

Es tiempo de aprender de nuestros errores, de hacer un mea culpa, de asumir nuestras responsabilidades y compromisos como ciudadanos y chiclayanos.

Es hora de recuperar aquel sentimiento que nos lego el gran Juan José Lora: la chiclayolatría, para amar y respetar a la tierra que nos vio nacer y hacer de ésta una metrópoli limpia, ordenada y segura.

martes, 10 de enero de 2017

LOS HOMBRES DE LA ACEQUIA SE HAN IDO


Los hombres de la acequia, atrapados por el vicio de la droga, han quedado sin hogar. Aquella zanja que les servía de refugio fue clausurada para dar paso a la construcción de una moderna avenida.

Puedo imaginar su indignación al descubrir su guarida aplanada por la maquinaria pesada, puedo imaginar su angustia por la destrucción de su hogar temporal, puedo imaginar su coraje por la indolencia de la sociedad que los humilla públicamente.

Los hombres de la acequia se han quedaron sin el lugar donde enterraron sus mejores años, donde construyeron su mundo de fantasía a causa del alucinógeno y donde ahogaron sus sueños y proyectos al doblegar el rumbo de su destino por su propia voluntad.

Los hombres de la acequia han migrado a otro lugar. Tal vez otra zanja, solar abandonado o muro derruido los acoge momentáneamente. Tal vez habrán deambulado durante días y semanas, antes de encontrar su nuevo espacio, alejado del mundanal ruido que los perturba, los angustia y los asusta en las horas de alucinación que estremece su cuerpo envenenado por la droga.

Mi hija al descubrir, desde el octavo piso de mi morada, que la acequia ya no existe, que ha desaparecido como por arte de magia, piensa que los hombres quedaron sepultados, le explico que no es así, que si acaso fueron sorprendidos cuando la maquinaria aplanaba el terreno, habrían huido hacia otro lugar. Suspira aliviada, los hombres de la acequia se han salvado, dice.

Sin embargo, desde el fondo de mi corazón, quisiera creer que el vicio de la droga si quedó atrapado en el fondo de la acequia, que fue sepultado entre la tierra rocosa y que por fin aquellos hombres han sido salvados de la dependencia al veneno que aspiran e inyectan en su sangre.

Quisiera creer que como en los tiempos de Jesús de Nazareth, el demonio ha sido expulsado de sus cuerpos, ansío que el vicio quede fuera de sus vidas, que regresen a casa, que abracen a sus hijos, padres y esposas e inicien una nueva vida, retomen sus proyectos y reconstruyan sus sueños rotos, que olviden el pasado, y continúen su camino, ésta vez, de la mano de Dios.

Sin embargo, vuelvo a la realidad, los hombres de la acequia no estarán nunca más a mi vista cada mañana o cada atardecer, cada día soleado o nublado, cada madrugada fría o cada noche oscura, pero lo más certero es que estén en otro lado de la ciudad sucumbidos en el vicio de la droga hasta que su cuerpo no resista más. Hoy rezamos un Padre Nuestro por la partida de los hombres de la acequia para que un milagro los retorne a su vida pasada mucho antes que la droga los atrapara en la telaraña de la perdición. Que así sea.